Bordando saberes
Apropiación y agencia de mujeres en la inteligencia artificial
Hojas informativas de ponencia · LASA 2026
Juana Libertad Montes Gómez
Universidad Nacional Autónoma de México
Diapositiva 0 -- Bordando saberes: apropiación y agencia de mujeres en la inteligencia artificial
El título de mi trabajo, "Bordando saberes", no es solamente una imagen estética: condensa la operación analítica de esta ponencia.
Para mí, bordar implica unir materiales distintos, hacer visible el trabajo de las manos, reconocer costuras, remiendos y rupturas, y aceptar que el conocimiento no aparece como una superficie limpia y cerrada. Desde ese lugar, en mi investigación propongo mirar la inteligencia artificial generativa como un tejido sociotécnico donde intervienen plataformas, infraestructuras, universidades, cuerpos, desigualdades, afectos y prácticas de apropiación.
En esta ponencia les presento los avances de mi tesis sobre estudiantes y profesoras de la Universidad Nacional Autónoma de México, particularmente en el área de ciencias sociales, humanidades y artes. Mi interés central es comprender cómo estas mujeres se relacionan con las herramientas de IAGen en sus prácticas académicas y cotidianas: desde la escritura, la búsqueda de información, la docencia y la investigación, hasta la organización del tiempo, la gestión institucional y el acompañamiento de procesos de conocimiento. Con esto, mi pregunta no se limita a si usan o no usan la IA, sino a qué hacen con ella, bajo qué criterios, con qué tensiones, con qué afectividades y con qué posibilidades de resignificación.
La portada de mi presentación también coloca el tono de mi exposición: una mirada feminista, situada y crítica. No vengo a celebrar la innovación tecnológica ni a rechazarla de manera general; se trata de preguntarme --y preguntarnos-- quién diseña las herramientas, desde qué intereses, para qué cuerpos, con qué datos, bajo qué reglas y con qué consecuencias. En ese marco, entiendo la apropiación de la IA por parte de las mujeres como un proceso abierto: soy consciente de que puede reproducir dependencias y sesgos, pero también sostengo que puede habilitar prácticas de agencia y redistribución epistémica.
Quiero dejar claro que mi trabajo se ubica en el Congreso LASA 2026 y que dialoga directamente con los debates latinoamericanos sobre tecnología, justicia social, género y producción de conocimiento. Mi nombre, mi adscripción institucional y el carácter de investigación en curso de este proyecto los presento como parte de mi voz situada: no les hablo desde una neutralidad abstracta, sino desde una trayectoria académica y política que busca escuchar cómo las mujeres están bordando sus propios usos de la IA.
Como punto de apertura, sitúo mi ponencia dentro de una investigación de maestría donde no busco hablar de la inteligencia artificial como un fenómeno puramente técnico, sino como un campo donde se disputan formas de conocimiento. Parto de la tensión entre una IAGen que se expande rápidamente en nuestra vida cotidiana y un conjunto de experiencias de mujeres que no solo reciben esa tecnología, sino que pueden intervenirla, resignificarla y orientarla desde sus propios contextos.
La metáfora del bordado permite esta aproximación a estudiar la inteligencia artificial como un tejido sociotécnico atravesado por relaciones de poder, género, infraestructura, afectos, decisiones institucionales y prácticas cotidianas.
Diapositiva 1 -- Inteligencia artificial generativa en la vida cotidiana, social, académica y política
El punto de partida de mi ponencia es que la inteligencia artificial generativa ya no pertenece únicamente a laboratorios, empresas tecnológicas o espacios altamente especializados. Está presente en acciones cotidianas que muchas personas realizan sin detenerse a nombrarlas como prácticas mediadas por IA: responder correos, completar frases, traducir conversaciones, ordenar trámites, redactar documentos, buscar información, generar imágenes, resumir textos, planear clases o acompañar diagnósticos. Esa presencia extendida modifica la forma en que se produce, organiza y circula el conocimiento.
La importancia de mi tema está en desplazar la discusión de la IA desde el futuro hacia el presente. No les vengo a hablar de una tecnología que llegará algún día a transformar la educación, el trabajo o la vida pública; ya está operando en las pantallas, plataformas, buscadores, asistentes conversacionales, aplicaciones móviles y herramientas institucionales que atraviesan la vida social. En consecuencia, cuando estudio la IAGen, estoy estudiando las condiciones actuales bajo las cuales las personas comunicamos, aprendemos, escribimos, enseñamos, investigamos y tomamos decisiones.
Para el caso de las mujeres universitarias, esta expansión es especialmente relevante porque sus prácticas académicas y cotidianas se encuentran atravesadas por cargas de trabajo, trayectorias formativas, exigencias institucionales, tiempos fragmentados, responsabilidades de cuidado y desigualdades de acceso a formación técnica. En mi observación, la IA puede aparecer como apoyo para ordenar ideas, traducir materiales, preparar clases o agilizar tareas; pero también como fuente de sospecha, dependencia, vigilancia, sesgos o presión por productividad.
Por ello, mi planteamiento funciona como un diagnóstico inicial: la IAGen ya media la vida cotidiana, social, académica y política. Es por eso que sostengo que la pregunta no puede limitarse a si se permite o se prohíbe su uso, sino a cómo se está incorporando, quiénes participan en la definición de sus usos legítimos, qué desigualdades reproduce y qué posibilidades abre para prácticas críticas de apropiación.
Al iniciar el desarrollo de mi documento principal, señalo acciones concretas: la IAGen responde correos, sugiere palabras, traduce conversaciones, ordena trámites y acompaña diagnósticos. Estas acciones nos muestran que la IA ya se incorporó a actividades que antes pensábamos como exclusivamente humanas o institucionales. Por eso, no presento este tema como una discusión futurista, sino como un fenómeno actual que ya atraviesa nuestra comunicación, búsqueda, escritura, aprendizaje y vida pública.
Para mí es importante comprender que esta presencia cotidiana no siempre es visible. Muchas personas interactúan con sistemas automatizados sin nombrarlos como inteligencia artificial.
Diapositiva 2 -- La expansión no neutral de la IA: entre lo técnico, lo cultural y lo corporativo
La expansión de la inteligencia artificial generativa ocurre con una velocidad que muchas veces me dificulta identificar sus condiciones de producción. Las herramientas se nos aparecen como asistentes, buscadores, traductores, editores o sistemas de ayuda, pero detrás de cada interfaz hay decisiones sobre qué se diseña, para quién, con qué datos, con qué fines, bajo qué reglas y desde qué empresas o instituciones.
El eje de mi tema es que la IA no llega a la vida social en condiciones neutrales. Sostengo que lo técnico y lo cultural se conforman mutuamente.
Las plataformas, pantallas, infraestructuras y dispositivos no son simples soportes donde circula el conocimiento; también moldean qué conocimientos se vuelven visibles, qué preguntas se consideran relevantes, qué respuestas se presentan como legítimas y qué cuerpos o experiencias quedan fuera.
Al mismo tiempo, considero que esas tecnologías son producidas por expectativas sociales, jerarquías de género, intereses económicos, marcos legales, disputas políticas y narrativas culturales sobre innovación.
Nombro el carácter corporativo de buena parte de la IA generativa porque muchas herramientas de uso masivo pertenecen a empresas que concentran datos, infraestructura, capacidad de cómputo, reglas de acceso y modelos de monetización. Esto no significa para mí que toda interacción con esas herramientas sea automáticamente dominación, pero sí implica que cualquier apropiación se realiza en condiciones condicionadas. Las usuarias no se enfrentan a herramientas vacías: interactúan con sistemas ya orientados por ciertos intereses y límites.
Para mi investigación, esta idea es fundamental porque me permite analizar las experiencias de las mujeres universitarias sin reducirlas a preferencias individuales. El uso, rechazo, entusiasmo o desconfianza frente a la IA se produce dentro de un entramado sociotécnico. Reconocer esa no neutralidad me abre la posibilidad de preguntar por las costuras: ¿qué infraestructura sostiene la herramienta?, ¿qué sesgos porta?, ¿qué formas de trabajo invisibiliza?, ¿qué autonomía permite o restringe?, y ¿qué usos imprevistos pueden producir las mujeres desde sus contextos situados?
De esta manera, explico la expansión de la IAGen como un proceso atravesado por relaciones de poder. No todas las personas acceden a las mismas herramientas, no todas participan en su diseño y no todas pueden decidir qué datos se usan, qué problemas se priorizan o qué valores se incorporan en los sistemas. En ese sentido, afirmo que la neutralidad tecnológica funciona como una apariencia que oculta decisiones políticas, económicas y culturales.
En mi documento sostengo que lo técnico y lo cultural se conforman mutuamente. Esto significa que las plataformas no solo son medios donde circula la vida social; también producen formas de interacción, jerarquías de visibilidad, expectativas de productividad y modos específicos de validar el conocimiento. A su vez, muestro que esas plataformas son diseñadas desde intereses corporativos, modelos de negocio y visiones particulares sobre qué debe ser considerado útil o inteligente.
Diapositiva 3 -- IA corporativa y gesto hacker
En mi documento utilizo la comparación entre una IA corporativa de integración masiva y experiencias de tipo hacker para mostrarles que la inteligencia artificial no tiene un único sentido. Por un lado, nos encontramos con la IA integrada en plataformas comerciales, incorporada de manera casi automática en servicios de mensajería, redes sociales, buscadores y aplicaciones. Esta IA se nos presenta como una asistencia cotidiana, pero opera dentro de ecosistemas empresariales que concentran datos, infraestructura, diseño de interfaces y reglas de interacción.
Por otro lado, propongo la aparición del gesto hacker, al cual entiendo no solo como programación informática, sino como una forma creativa y política de intervenir sistemas para disputar sus usos. En mi ponencia, relaciono el gesto hacker con prácticas que buscan abrir el conocimiento, cuestionar su privatización, crear herramientas orientadas al bien común y modificar las condiciones bajo las cuales se accede a información de relevancia social. Para ilustrar esto, recurro a la figura de Sci-Bot --vinculado a Sci-Hub--, que me permite mostrar una IA orientada a responder preguntas con referencias verificables y con una promesa explícita de no fabricar hechos.
Con esta comparación no busco idealizar un polo y rechazar otro de manera simple. Mi función aquí es mostrarles que la IA es un campo de disputa. Una misma familia de tecnologías puede servir para reforzar plataformas corporativas de mercado o para experimentar formas de acceso crítico al conocimiento. Sostengo que la diferencia está en las condiciones de diseño, los fines, los públicos, los datos, las reglas de funcionamiento y las comunidades que orientan su desarrollo.
Para mi investigación, este contraste me permite formular una pregunta que atraviesa todo mi trabajo: ¿qué ocurre cuando las mujeres universitarias usan herramientas que no fueron necesariamente diseñadas para ellas, pero que pueden ser reinterpretadas, ajustadas, resistidas o redirigidas desde sus prácticas?
El gesto hacker se vuelve entonces una clave más amplia en mi planteamiento: no toda apropiación crítica requiere escribir código; también puede consistir en resignificar una herramienta, usarla contra su orientación inicial, combinarla con saberes situados o abrirla a fines pedagógicos, comunitarios y feministas.
Diapositiva 4 -- Apropiación crítica: mujeres como usuarias críticas, productoras de pensamiento y apropiadoras
La apropiación crítica es una de las categorías centrales de mi ponencia. Su función es permitir que la relación entre las mujeres y la inteligencia artificial no sea entendida únicamente como un consumo de herramientas.
Para mí, usar una plataforma no equivale necesariamente a apropiársela; la apropiación crítica aparece cuando una persona o colectivo logra resignificar la tecnología desde un contexto específico, redirigirla hacia fines propios, integrarla en prácticas situadas y disputar los sentidos que parecían ya definidos por quienes diseñaron la herramienta.
Esta categoría desplaza por completo la pregunta: en lugar de preguntar solo qué hace la IA, me pregunto qué hacen las mujeres con la IA. Esta diferencia es decisiva en mi planteamiento, ya que me permite reconocer prácticas de interpretación, cuidado, selección, rechazo, adaptación, traducción, combinación y experimentación: una estudiante que usa IAGen para ordenar una bibliografía, pero revisa críticamente sus errores; una profesora que la usa para diseñar una actividad de discusión sobre sesgos; una investigadora que la rechaza para ciertos procesos por razones éticas; o un colectivo que la redirige hacia la denuncia y la memoria, todas pueden estar produciendo formas de apropiación situadas.
Con este tema busco enfatizar que las mujeres universitarias son productoras de pensamiento y que no son únicamente usuarias finales de sistemas construidos por otros. Desde las ciencias sociales, las humanidades y las artes, ellas generan conceptos, narrativas, análisis, metodologías, pedagogías y críticas que pueden transformar el sentido de una tecnología. Sostengo que, aunque no desarrollen software, pueden intervenir en los usos legítimos, en los criterios de validación, en la discusión ética, en la enseñanza y en la imaginación política de la IA.
Esta noción me es muy útil porque me permite ver prácticas pequeñas y cotidianas que suelen quedar fuera de los informes institucionales. En mi perspectiva, la apropiación crítica puede aparecer en un gran proyecto tecnológico, pero también en una decisión de uso, en una forma de explicar la IA con lenguaje claro, en una guía de clase, en una crítica a los sesgos de una respuesta automatizada o en la decisión de no entregar autoridad epistémica completa a un modelo. La apropiación crítica es, por tanto, un proceso de agencia situado.
En mi exposición, desarrollo la apropiación crítica como una categoría central. Para mí, usar una herramienta significa operar funciones ya disponibles, mientras que apropiarse críticamente implica darle un sentido situado, redirigirla hacia necesidades concretas y hacerla entrar en prácticas que transforman sus fines. Esta diferencia es clave en mi investigación para estudiar a mujeres universitarias que quizá no programan modelos, pero sí pueden producir usos no previstos, criterios propios, estrategias de cuidado y formas de intervención.
Finalmente, con este documento desplazo a las mujeres del lugar de usuarias pasivas y las presento como productoras de pensamiento y como sujetas capaces de decidir cuándo usar, cuándo rechazar, cuándo adaptar y cuándo sospechar de la IAGen. Esta mirada me permite reconocer agencia incluso en sus prácticas pequeñas: modificar una consigna, comparar respuestas, usar la IA para ordenar ideas sin delegar autoría, o rechazarla cuando amenaza la autonomía o reproduce sesgos.
Diapositiva 5 -- Brechas digitales más allá del acceso y la conectividad
La discusión sobre brechas digitales ha estado frecuentemente asociada al acceso: tener o no tener computadora, celular, conexión a internet o cuentas en plataformas. Aunque estas condiciones siguen siendo importantes, en mi documento planteo que, en tiempos de inteligencia artificial generativa, la brecha debe entenderse de manera más amplia. Sostengo que no basta con poder abrir una herramienta; importa quién puede comprender cómo funciona, quién puede evaluar sus límites, quién puede cuestionar sus sesgos, quién puede participar en su diseño y quién puede decidir sobre sus usos.
Esta ampliación es clave para estudiar a las mujeres universitarias. Podría suponerse que, por pertenecer a una universidad pública nacional, ellas tienen acceso suficiente a dispositivos, bibliotecas, conectividad o espacios de formación. Sin embargo, en mi análisis muestro que las desigualdades no desaparecen dentro de la universidad. También operan diferencias de tiempo, cargas de cuidados, familiaridad con lenguajes técnicos, recursos económicos, capital cultural, seguridad digital, redes de apoyo, confianza para experimentar y reconocimiento institucional de sus prácticas.
Introduzco el concepto de brecha digital cualitativa porque me permite observar que dos personas pueden tener acceso a la misma herramienta y vivir experiencias muy distintas. Una puede usarla de manera dependiente y sin criterios de evaluación; otra puede integrarla críticamente a una práctica de escritura, docencia o investigación; mientras que otra puede rechazarla por razones éticas o por desconfianza frente al manejo de datos. Para mí, la diferencia no se explica solo por la conectividad, sino por las trayectorias, la formación, las condiciones materiales y las relaciones de poder.
En este tema me conviene subrayar ante ustedes que la justicia tecnológica no consiste únicamente en distribuir acceso, sino en redistribuir capacidades de comprensión, decisión y agencia. En términos feministas, relaciono la brecha digital también con quién tiene derecho a producir conocimiento, quién es escuchada cuando critica una herramienta, quién puede exigir transparencia y quién puede participar en la imaginación de tecnologías orientadas al cuidado, la justicia y la soberanía situada.
Esta brecha digital ampliada me permite ir más allá de la pregunta por dispositivos o conectividad. Una mujer puede tener teléfono e internet, pero no necesariamente acceso a formación, condiciones de tiempo, seguridad digital, acompañamiento institucional o espacios donde su voz participe en decisiones tecnológicas. Por ello, afirmo que la desigualdad no está solo en entrar a una plataforma, sino en comprender sus reglas y disputar sus usos.
Finalmente, en mi documento insisto en que las brechas incluyen el conocimiento, la producción de contenidos, la participación en el diseño, la toma de decisiones y el ejercicio de derechos digitales sin violencia. Para mi ponencia, este punto es crucial: las tecnologías digitales pueden abrir posibilidades de autonomía, pero esas posibilidades se distribuyen de manera desigual y están totalmente condicionadas por el género, la clase, la institución, la geopolítica y las trayectorias educativas.
Diapositiva 6 -- La investigación de maestría: mujeres universitarias, experiencias y tensiones frente a la IAGen
Mi ponencia forma parte de una investigación de maestría en curso centrada en mujeres universitarias de la UNAM. Este recorte no es arbitrario: me permite mirar a un grupo que no necesariamente diseña tecnología en un sentido estrictamente técnico, pero que produce conocimiento, investiga, enseña, escribe, interpreta y participa en debates públicos. Al enfocarme en las ciencias sociales, las humanidades y las artes, mi investigación se aleja del lugar común que asocia la IA únicamente con disciplinas computacionales o con profesionales de áreas STEM.
Mi interés principal es comprender cómo estudiantes y profesoras incorporan o rechazan las herramientas de IAGen en sus prácticas académicas y cotidianas. Esto incluye los usos posibles en escritura, lectura, organización de ideas, preparación de clases, búsqueda bibliográfica, traducción, síntesis, planeación, gestión de trámites y acompañamiento de procesos de investigación. Pero también me interesa incluir los límites: cuándo no la usan, por qué desconfían, qué consideran éticamente problemático y qué condiciones institucionales influyen en esas decisiones.
En mi investigación incorporo una dimensión afectiva, pues sostengo que la relación con la IA no es puramente racional ni instrumental. Puede estar acompañada de entusiasmo, alivio, cansancio, culpa, sospecha, miedo al plagio, ansiedad por la productividad, incomodidad ante los sesgos, curiosidad, dependencia o una sensación de pérdida de control. Para mí, reconocer estas afectividades permite comprender mejor cómo se decide usar, adaptar, resistir o rechazar una herramienta.
Con este tema también les presento las tensiones centrales que he identificado: eficiencia, autonomía, cuidado y control. Observo que la IA puede ahorrar tiempo y apoyar procesos, pero también puede intensificar las exigencias de productividad, reforzar la vigilancia, reproducir sesgos o desplazar saberes propios. Mi investigación busca escuchar esas tensiones desde las experiencias concretas de las mujeres, no desde discursos generales sobre innovación o riesgo.
Por eso, mi objeto de estudio no se ubica en desarrolladoras profesionales de tecnología, sino en mujeres universitarias de ciencias sociales, humanidades y artes. Considero que esta elección es relevante porque me permite explorar un campo menos visible: el de mujeres que producen conocimiento, escritura, docencia, análisis social y crítica cultural, pero que no necesariamente son consideradas actoras centrales en los debates sobre IA.
Finalmente, lo que mi investigación quiere comprender es cómo estas mujeres incorporan, rechazan o negocian el uso de la IAGen en su vida académica y cotidiana. Esto incluye los criterios que orientan sus decisiones, las afectividades que les aparecen --como la confianza, sospecha, entusiasmo, cansancio, miedo o alivio-- y las tensiones entre eficiencia, autonomía, cuidado y control. En conclusión, mi pregunta no es meramente instrumental, sino profundamente epistémica y política.
Diapositiva 7 -- Apropiaciones micro y metodología situada
Una aportación importante de mi planteamiento es mirar la escala micro. No todas las formas de apropiación tecnológica aparecen como proyectos colectivos visibles, plataformas propias o desarrollos institucionales. En mi perspectiva, muchas ocurren en prácticas pequeñas, cotidianas y a veces imperceptibles: una forma de redactar un prompt, una revisión crítica de una respuesta, una estrategia para organizar lecturas, una decisión de no usar IA en un texto, una explicación pedagógica para estudiantes o una adaptación de la herramienta a ritmos de cuidado y trabajo.
En mi investigación propongo observar esas apropiaciones en actividades como la escritura, la investigación, la docencia, la organización del tiempo, la gestión académica y los cuidados. Esta amplitud me permite reconocer que la vida universitaria no se reduce a productos formales. Las mujeres estudian, enseñan e investigan en medio de trayectorias, desplazamientos, responsabilidades, cansancios, redes afectivas y condiciones materiales. Sostengo que la IA puede entrar en cualquiera de esos puntos, no solo en el momento visible de producir un texto.
Para acercarme a estas experiencias, planteo mi investigación como cualitativa y situada. Esto significa que no pretendo medir de manera abstracta la frecuencia de uso de herramientas, sino comprender sentidos, criterios, tensiones y contextos. Las entrevistas semiestructuradas me permitirán escuchar narrativas, decisiones, dudas y trayectorias. Asimismo, la observación participante me permitirá acompañar prácticas concretas, atender usos situados y registrar cómo se integran o se resisten las herramientas en escenarios reales.
Mi metodología situada se vincula directamente con la metáfora del bordado epistémico: para mí, investigar no es extraer datos desde una distancia neutral, sino escuchar, acompañar y mirar con cuidado las costuras de la experiencia. Con esto, mi investigación no busca convertir a las participantes en "casos" aislados, sino comprender cómo sus prácticas forman parte de tramas sociales más amplias de género, academia, tecnología y poder.
Por lo tanto, no busco únicamente grandes proyectos de innovación. También me pregunto por apropiaciones pequeñas y cotidianas que pueden pasar desapercibidas: usar IAGen para ordenar una clase, revisar una bibliografía, traducir una idea, preparar una entrevista, sistematizar notas o administrar tiempos de trabajo y cuidado. Considero que estas prácticas micro pueden revelar formas de agencia que no aparecen en informes oficiales.
Finalmente, mi metodología cualitativa situada es totalmente coherente con esa búsqueda. Las entrevistas semiestructuradas me permitirán escuchar cómo las participantes narran sus usos, dudas, límites y criterios, mientras que la observación participante me permitirá acercarme a prácticas concretas y no solo a declaraciones generales. Mi objetivo central es comprender antes que clasificar, y acompañar antes que extraer datos.
Diapositiva 8 -- Lenguaje claro como decisión política y metodológica
En mi documento tomo una decisión explícita: explicar conceptos técnicos dentro del cuerpo del texto y mediante notas, sin asumir que todas las personas lectoras pertenecen al campo de la inteligencia artificial. Esta decisión no es solamente didáctica; para mí es política y metodológica. Sé que el lenguaje especializado puede funcionar como una frontera de exclusión, especialmente cuando impide que personas de las ciencias sociales, las humanidades, las artes o los activismos participen en discusiones sobre tecnologías que ya afectan su vida cotidiana.
Usar un lenguaje claro no significa simplificar de manera condescendiente. Significa abrir la conversación para que más personas puedan comprender, preguntar, cuestionar y decidir. Conceptos como inteligencia artificial generativa, modelo de lenguaje, algoritmo, aprendizaje automático, agente conversacional o RAG no deben operar como barreras. En mi trabajo los explico de manera suficiente para que las personas puedan evaluar críticamente las herramientas y sus implicaciones.
Esta apuesta dialoga directamente con el hackfeminismo latinoamericano, el cual entiende la apertura del conocimiento técnico como una forma de redistribución epistémica. Si solo quienes dominan ciertos lenguajes pueden discutir la tecnología, entonces la toma de decisiones queda concentrada. En cambio, considero que explicar con claridad permite que docentes, estudiantes, activistas y comunidades formulen sus preguntas propias: qué datos se usan, qué riesgos existen, cómo se produce una respuesta, qué sesgos puede contener y qué alternativas pueden imaginarse.
Para mi exposición, este tema funciona como un puente entre mi diagnóstico y el marco teórico. Me permite mostrarles que la propia forma de presentar mi investigación ya expresa una posición: estudiar la IA desde el feminismo implica también cuidar cómo se nombra la tecnología. El lenguaje claro se vuelve parte de mi metodología porque habilita la escucha, la participación y la apropiación crítica.
Por eso, insisto en la decisión de explicar conceptos técnicos dentro del cuerpo del texto y mediante notas, sin asumir que mi audiencia pertenece al campo de la inteligencia artificial. Esta decisión tiene una función metodológica porque me permite construir un lenguaje compartido para la investigación; pero también tiene una función política porque evita que el conocimiento técnico permanezca cerrado en manos de especialistas.
Desde mi perspectiva hackfeminista, abrir el conocimiento técnico es una forma de redistribución epistémica. Explicar qué es un modelo, un algoritmo, un corpus, un agente o un sistema RAG no es simplificar el problema, sino crear las condiciones para que más personas podamos discutirlo. Sostengo que comprender la tecnología es parte fundamental de disputar sus efectos, sus límites y sus usos legítimos.
Diapositiva 9 -- Lente teórico: estudios feministas en ciencia y tecnología, tecnofeminismo y hackfeminismo latinoamericano
El lente teórico de mi investigación combina tres perspectivas. La primera son los estudios feministas en ciencia y tecnología, que cuestionan la idea de que la ciencia y la tecnología sean neutrales, universales o ajenas al género. Este campo me ha mostrado que la producción científica y técnica ha estado atravesada por sexismo, androcentrismo y exclusiones sistemáticas de mujeres y otros sujetos subalternizados.
La segunda perspectiva es el tecnofeminismo. Desde este enfoque, sostengo que género y tecnología se co-construyen: la tecnología no es simplemente una herramienta que se usa después de ser inventada, ni una fuerza externa que determina por completo a la sociedad. Para mí, es un proceso sociotécnico donde se articulan diseños, instituciones, cuerpos, prácticas, significados y relaciones de poder. Esta posición me permite evitar tanto el determinismo tecnológico como la idea ingenua de la neutralidad instrumental.
La tercera perspectiva es el hackfeminismo latinoamericano. Con este enfoque amplío la noción de hackear: no se trata únicamente de programar, sino de resignificar códigos técnicos, simbólicos, jurídicos y pedagógicos desde luchas feministas situadas. El hackfeminismo me aporta una dimensión de autonomía tecnológica, soberanía digital, creación de infraestructuras propias y disputa por quién tiene derecho a producir conocimiento técnico.
Articuladas, estas perspectivas me permiten mirar la IA como un campo de disputa. Mi pregunta no es únicamente qué puede hacer un modelo, sino qué relaciones sociales sostiene, qué jerarquías reproduce, qué agencias habilita y qué prácticas feministas pueden intervenir sus condiciones de uso y sentido. Para mi investigación, este lente ofrece una base para escuchar las experiencias universitarias sin reducirlas a competencias técnicas o a decisiones individuales.
Los estudios feministas en ciencia y tecnología me permiten comprender que la producción científica y tecnológica ha estado marcada por exclusiones, sexismo y androcentrismo. Esto no significa para mí que la tecnología sea mala en sí misma, sino que debe analizarse como parte de un orden social donde ciertos cuerpos, saberes y necesidades han sido históricamente privilegiados sobre otros.
El tecnofeminismo me evita caer en dos reducciones: pensar que la tecnología determina por completo la vida social o pensar que es un instrumento neutral que cualquiera puede usar libremente. En su lugar, propongo entender género y tecnología como procesos que se co-construyen. Finalmente, el hackfeminismo latinoamericano me agrega una dimensión situada: hackear también es resignificar códigos técnicos, simbólicos, jurídicos y pedagógicos desde nuestras luchas feministas en el Sur Global.
Diapositiva 10 -- Autonomía tecnológica y soberanía digital
Para mí, la autonomía tecnológica se refiere a la capacidad de personas, colectivos e instituciones para comprender, modificar, crear, alojar, gobernar o decidir sobre las tecnologías que usan. No significa un aislamiento absoluto ni el rechazo de toda herramienta comercial, sino la construcción de márgenes de decisión frente a las dependencias impuestas. En el contexto de la IAGen, considero que esta pregunta es urgente porque gran parte de la infraestructura está concentrada en corporaciones con una enorme capacidad de cómputo, datos y control de plataformas.
Por su parte, la soberanía digital amplía esta discusión hacia el plano político. Nos plantea la pregunta de quién decide sobre las infraestructuras, los datos, las reglas de uso, la circulación del conocimiento y los efectos sociales de los sistemas automatizados. Desde mi mirada feminista latinoamericana, la soberanía digital no puede reducirse al Estado o al mercado; incluye a comunidades, activismos, universidades, mujeres, disidencias y sujetos que han sido históricamente excluidos de la toma de decisiones tecnológicas.
Con este tema quiero subrayar que las prácticas feministas tecnológicas no solo denuncian brechas. También producen herramientas, escriben código, diseñan metodologías, crean servidores, elaboran protocolos, desarrollan materiales pedagógicos y abren espacios de aprendizaje. Sostengo que esa producción es sumamente importante porque desplaza a las mujeres del lugar de usuarias finales hacia el lugar de sujetas que pueden intervenir en el diseño, el sentido y el gobierno de las tecnologías.
Para mi investigación, la autonomía y la soberanía operan como horizontes analíticos. No espero que cada estudiante o profesora cree su propia infraestructura de IA, pero sí me pregunto por los grados de decisión que ejercen: cómo evalúan las herramientas, qué límites establecen, qué saberes movilizan, cómo enseñan o discuten la tecnología, qué prácticas de cuidado implementan y qué formas de dependencia reconocen o cuestionan.
Por ello, no entiendo la autonomía tecnológica como una autosuficiencia absoluta, sino como una capacidad de decisión. En el contexto de la IAGen, esto me implica preguntarme qué margen tienen las personas y las comunidades para comprender las herramientas, elegirlas, modificarlas, rechazarlas, auditarlas o producir alternativas. Afirmo que la autonomía empieza justamente cuando el uso deja de ser una obediencia automática a una plataforma.
Finalmente, la soberanía digital me permite colocar el problema en una escala colectiva: quién gobierna los datos, las infraestructuras, las reglas de acceso, la circulación del conocimiento y los efectos sociales de los sistemas automatizados. Desde el hackfeminismo latinoamericano que adopto, esta soberanía incluye por completo a las mujeres, comunidades, universidades y colectivos que hemos sido excluidos de la toma de decisiones tecnológicas.
Diapositiva 11 -- Bordado epistémico: costuras, cuerpos, escucha y acompañamiento
El bordado epistémico es la metáfora que organiza toda mi ponencia. Retomando a Tania Pérez-Bustos, en mi investigación rechazo por completo la idea de que existan sistemas sociotécnicos "sin costuras". Sostengo que toda producción de conocimiento tiene un reverso: mediaciones, cuerpos, trabajos, errores, reparaciones, cuidados, desigualdades y materialidades que suelen quedar ocultas cuando se presenta la tecnología como una superficie limpia, eficiente o neutral.
Pensar el conocimiento como un bordado me permite mirar las costuras. Para mí, las costuras son los puntos donde se unen materiales heterogéneos y también los lugares donde se hacen visibles las tensiones. En la relación con la IAGen, considero que esas costuras pueden ser los datos de entrenamiento, los sesgos, las condiciones de acceso, la dependencia de plataformas, los criterios de validación, las emociones de quienes usan las herramientas, las cargas de cuidado que condicionan el tiempo disponible o los conflictos éticos sobre la autoría y la producción de conocimiento.
El bordado también me sirve para devolver el conocimiento al cuerpo. Frente a una visión descorporalizada de la inteligencia artificial, esta metáfora me recuerda que saber implica manos, gestos, tiempos, materialidades, cansancios, trayectorias y relaciones. Las mujeres universitarias no interactúan con la IA desde un lugar abstracto, sino desde sus condiciones concretas: aulas, bibliotecas, hogares, trayectos, becas, trabajos, cuidados, plazos, expectativas institucionales y redes afectivas.
Metodológicamente, el bordado epistémico me invita a escuchar y a acompañar. Mi investigación no busca decodificar experiencias desde una distancia exterior, sino atender la forma en que las participantes narran, ordenan, dudan, justifican y resignifican sus prácticas. Investigar desde esta metáfora me implica asumir una temporalidad más lenta y cuidadosa: mirar no solo el resultado visible, sino los hilos que lo sostienen.
De acuerdo con Pérez-Bustos, cuestiono la idea de los sistemas sociotécnicos como tejidos sin costuras. Para mi investigación, decir que no hay tejido sin costuras significa reconocer que toda tecnología tiene condiciones, mediaciones, errores, desigualdades y trabajos invisibles. Afirmo que la IAGen no aparece de manera espontánea: depende de datos, infraestructuras, trabajo humano, decisiones de diseño, energías, corporaciones, instituciones y prácticas sociales.
Finalmente, el bordado epistémico me permite pensar la investigación misma como una práctica cuidadosa. No me limito a observar qué hacen las participantes con una herramienta, sino que busco atender las condiciones desde las cuales lo hacen: sus tiempos, cuerpos, precariedades, afectividades, trayectorias, miedos y saberes. Por eso, la escucha y el acompañamiento son parte medular de mi metodología, y no un complemento decorativo.
Diapositiva 12 -- Marco conceptual: experiencia, apropiación crítica y agencia tecnológica
Mi marco conceptual se organiza en tres categorías fundamentales. La primera es la experiencia. Desde la epistemología feminista, no entiendo la experiencia como una vivencia individual aislada, sino como el punto de partida indispensable para comprender las relaciones sociales. En mi investigación, esta categoría incluye las prácticas de uso, los criterios de decisión, las afectividades, las tensiones, los rechazos, las creatividades cotidianas y las formas concretas de relación con la IAGen.
La segunda categoría es la apropiación crítica, la cual me permite mirar lo que las mujeres hacen con la tecnología más allá del simple uso instrumental. Sostengo que apropiarse críticamente implica resignificar las herramientas desde contextos específicos, redirigirlas hacia fines no previstos, integrarlas en prácticas propias y disputar quién tiene derecho a definir los usos legítimos de una tecnología. Esta categoría la enlazo directamente con el hackfeminismo y con mi idea de que hackear también puede significar reconfigurar sentidos.
La tercera categoría es la agencia tecnológica, con la cual nombro la capacidad activa de intervenir en los procesos sociotécnicos. Para mí, esta agencia nunca es abstracta ni universal; está totalmente condicionada por el género, la clase, la raza, la geopolítica, el acceso, la formación, el tiempo, los recursos y las instituciones. Puede expresarse en el uso, la adaptación, el rechazo, el diseño, la creación, la enseñanza, la organización colectiva o la crítica pública de las tecnologías.
Estas tres categorías no las aplico por separado en mi análisis. La experiencia me ofrece el material situado; la apropiación crítica identifica la dimensión transformadora; y la agencia tecnológica me precisa la capacidad de intervención bajo condiciones concretas. Leídas desde el bordado epistémico, me permiten analizar las prácticas de las mujeres con la IAGen como parte de un tejido complejo de saber, poder, cuidado y disputa.
Para mí, la experiencia es el punto de partida epistémico porque me permite mirar lo cotidiano como un lugar de producción de conocimiento. En el caso específico de las mujeres universitarias con la IAGen, considero que la experiencia incluye las prácticas de uso, las decisiones de rechazo, los criterios de validación, las dudas sobre la autoría, las emociones frente a la herramienta y esas formas de creatividad que no suelen registrarse en las políticas institucionales.
Finalmente, la apropiación crítica y la agencia tecnológica se enlazan estrechamente con esa experiencia. Con la apropiación me pregunto cómo se resignifica la tecnología, mientras que con la agencia pregunto qué capacidad de intervención existe bajo condiciones concretas. Juntas me permiten evitar una lectura individualista: las prácticas de las mujeres no son simples elecciones personales, sino acciones situadas dentro de instituciones, desigualdades, plataformas y relaciones de poder.
Diapositiva 13 -- OlimpIA, un chatbot que se borda desde la sororidad
OlimpIA es una plataforma conversacional orientada a acompañar a víctimas de violencia digital. En mi ponencia funciona como el primer hilo del bordado: una práctica mexicana donde la IA es apropiada desde el activismo feminista, la sororidad y la justicia. Para mí, su singularidad no está únicamente en usar un chatbot, sino en la forma en que se construye el sentido de esa herramienta: no parte de una idea abstracta de asistencia, sino de experiencias acumuladas por defensoras digitales y mujeres que conocen en el cuerpo la violencia digital.
En mi documento señalo que OlimpIA fue desarrollada con la participación de Olimpia Coral Melo, el Frente Nacional para la Sororidad, el movimiento Defensoras Digitales y una empresa especializada en agentes de IA. Opera vía WhatsApp, ofrece atención multilingüe y fue entrenada con saberes jurídicos, psicológicos, activistas y comunitarios. Esta decisión de interfaz también me parece sumamente importante: usar WhatsApp privilegia la accesibilidad sobre la sofisticación técnica, porque muchas víctimas ya se comunican desde esa plataforma.
Leída desde mi categoría de apropiación crítica, OlimpIA invierte la lógica habitual del entrenamiento tecnológico. En lugar de partir de datos generales de internet y después aplicar filtros, se borda directamente desde protocolos de acompañamiento, conocimiento jurídico, la experiencia de las víctimas y los saberes feministas acumulados. La agencia tecnológica aparece tanto en el uso como en la producción: las defensoras no solo consumen una herramienta, sino que participan en definir cómo responder, a quién acompañar y bajo qué perspectiva.
Desde el bordado epistémico, muestro que OlimpIA tiene costuras visibles. Está la costura de la violencia digital que motiva su creación; la costura de la dependencia técnica con una empresa externa; y las zonas de remiendo cuidadoso: un lenguaje con perspectiva de género, un canal accesible, atención multilingüe y un corpus construido desde voces situadas. Con este tema busco mostrarles que la IA puede bordarse desde la sororidad cuando el punto de partida son necesidades sociales concretas y saberes feministas organizados.
Para mí, OlimpIA es sumamente significativa porque invierte la lógica de entrenamiento de los grandes modelos comerciales. En lugar de partir de datos generales extraídos de internet y después corregir daños mediante filtros, parte de saberes acumulados por defensoras digitales, psicólogas, abogadas, activistas y víctimas de violencia digital. La arquitectura conversacional se construye desde protocolos de acompañamiento y experiencia situada.
Leída bajo mi propuesta del bordado epistémico, OlimpIA nos deja ver sus costuras: la violencia digital que motivó su creación, la dependencia de colaboración técnica externa, la decisión de operar por WhatsApp para ampliar la accesibilidad, la atención multilingüe y la necesidad de derivar casos que requieren intervención humana. Sostengo que su fuerza está en mostrarnos que la IA puede ser apropiada desde la sororidad y no solo desde el mercado.
Diapositiva 14 -- Fichas Vivas de Búsqueda, memoria que vuelve a hablar
Las Fichas Vivas de Búsqueda son el segundo hilo de mi bordado. Este proyecto surge en el doloroso contexto de las familias buscadoras, particularmente del Colectivo Luz de Esperanza, Desaparecidos Jalisco A.C. Las familias graban testimonios y, con el apoyo de organizaciones aliadas, convierten esas voces e imágenes en retratos animados con IA generativa. El resultado es una ficha en la que la persona desaparecida parece hablar, contar su propia historia y pedir directamente que la encuentren.
Esta práctica combina tecnologías como el aprendizaje profundo, la visión por computadora y la síntesis de voz. Sin embargo, lo central para mi ponencia no es la sofisticación técnica, sino su resignificación política. Muestro cómo tecnologías asociadas al entretenimiento, la publicidad o la animación se redirigen aquí hacia la memoria, la denuncia y la búsqueda de personas desaparecidas. Para mí, la IA se convierte en una forma de hacer circular una presencia que el Estado no ha logrado restituir y que la burocracia tiende a convertir en un simple expediente.
Las Fichas Vivas nos demuestran que la apropiación crítica no siempre requiere una alfabetización técnica avanzada. Las madres y las familias buscadoras no necesariamente programan el sistema, pero son ellas quienes definen el propósito, el sentido, el mensaje, la urgencia y la circulación pública de la herramienta. Sostengo que la agencia tecnológica se ejerce aquí desde una posición de vulnerabilidad estructural, pero también desde una fuerza colectiva que reconfigura por completo los usos previstos de la IA.
Leído desde mi propuesta del bordado epistémico, este hilo tiene costuras densas: el dolor de la desaparición, la indiferencia institucional, la mediación técnica de organizaciones externas, los dilemas éticos sobre el manejo de imágenes y voces, y la firme decisión de priorizar la visibilidad y la búsqueda. También identifico remiendos cuidadosos: el testimonio en primera persona, la circulación en redes sociales, los códigos QR, los teléfonos de contacto y la conexión indisoluble entre lo digital y la búsqueda en calle. Con este tema les quiero expresar que aquí la memoria vuelve a hablar mediante una tecnología redirigida hacia la acción colectiva.
Las Fichas Vivas de Búsqueda articulan el dolor, la memoria y la acción colectiva. Las familias buscadoras graban testimonios en primera persona y, con el apoyo de organizaciones aliadas, esos materiales se convierten en retratos animados mediante aprendizaje profundo, visión por computadora y síntesis de voz. El resultado es una ficha donde la persona desaparecida parece hablar, contar su historia y pedir que la encuentren.
Este caso me sirve para mostrarles que la apropiación crítica no siempre requiere programar o controlar toda la infraestructura. Las familias redirigen tecnologías asociadas con el entretenimiento o la publicidad hacia la denuncia, la búsqueda y la memoria pública. En mi análisis, la tecnología no sustituye la búsqueda en calle ni el trabajo político; lo amplifica, conectando de forma directa el espacio digital con teléfonos de contacto, códigos QR y redes de solidaridad.
Diapositiva 15 -- Hipat-IA, bordar tecnología desde la academia feminista
Hipat-IA es el tercer hilo de mi bordado y el que se conecta más directamente con el universo universitario de mi investigación. Es un chatbot desarrollado en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, por un equipo de mujeres académicas y especialistas. Su propósito es acompañar a las mujeres frente a la violencia de género mediante una herramienta que opera como puente hacia la información especializada y la canalización.
La importancia de Hipat-IA radica en su proceso de rediseño. La herramienta proviene de un proyecto previo llamado LuzIA, que no lograba comprender adecuadamente la forma en que las usuarias comunicaban sus problemáticas. En lugar de exigir que las mujeres se ajustaran a una interfaz predefinida, el equipo modificó la arquitectura conversacional a partir de las formas reales de comunicación de las usuarias. Esta decisión convierte la experiencia situada en un criterio de diseño tecnológico.
El nombre del proyecto también es significativo para mí. Hipat-IA remite a Hipatia, la filósofa, astrónoma y matemática asesinada públicamente, y al mismo tiempo incorpora la sigla IA. Nombrar así al chatbot cose una genealogía de saberes feministas silenciados con una herramienta contemporánea. Sostengo que es una forma de bordado epistémico porque une memoria, tecnología, academia y acción frente a la violencia patriarcal.
Defino esta herramienta como una mediación, no como un sustituto del acompañamiento humano. Esta precisión es clave en mi planteamiento porque evita dos extremos: sobrecargar a la IA con funciones que no puede cumplir o rechazarla sin matices. Hipat-IA me muestra que una tecnología situada puede servir para orientar, informar y canalizar, siempre que reconozca sus límites y mantenga el vínculo con las instituciones, las unidades de género y el acompañamiento humano. Para mi investigación sobre mujeres universitarias, este caso funciona como un espejo cercano de posibles apropiaciones académicas feministas.
Para mí, Hipat-IA es sumamente relevante porque surge desde una universidad pública mexicana y desde una academia feminista que diseña tecnología para acompañar a las mujeres frente a la violencia de género. Opera vía WhatsApp, ofrece atención permanente y distingue tipos de violencia en la pareja, la familia y la escuela, organizando sus categorías a partir de la escucha de las usuarias.
Finalmente, el paso de LuzIA a Hipat-IA me sirve para mostrar una decisión metodológica central: el sistema fue rediseñado porque las usuarias no se comunicaban como el equipo había previsto. En lugar de forzar a las mujeres a adaptarse al sistema, se modificó la arquitectura conversacional para responder a sus formas reales de narrar necesidades. En ese sentido, muestro cómo la experiencia situada transformó el código y los menús de interacción.
Diapositiva 16 -- Cierre argumental: costuras que orientan la mirada
Mi cierre argumental recupera los tres hilos presentados para mostrarles que no son ejemplos aislados. OlimpIA, las Fichas Vivas de Búsqueda e Hipat-IA evidencian que las mujeres mexicanas ya nos estamos apropiando críticamente de la inteligencia artificial generativa desde distintos espacios: el activismo feminista contra la violencia digital, la búsqueda colectiva de personas desaparecidas y la academia feminista universitaria.
Estos casos no constituyen el objeto empírico final de mi tesis, pero sí orientan mi mirada. Funcionan como antecedentes concretos que me permiten afirmar que mi pregunta de investigación tiene campo, escala y costuras visibles. Nos muestran que la IA puede ser redirigida desde necesidades sociales situadas, incluso cuando no fue diseñada originalmente para esos fines. También nos demuestran que la agencia tecnológica puede surgir desde posiciones diversas: defensoras digitales, madres buscadoras, académicas, desarrolladoras, psicólogas, abogadas y comunidades afectadas por violencias.
Presento la relación entre los tres casos con mucho cuidado. OlimpIA me enseña una apropiación desde la sororidad y el acompañamiento ante la violencia digital. Las Fichas Vivas me muestran la resignificación de tecnologías generativas desde la memoria, la denuncia y la búsqueda. Hipat-IA me demuestra la posibilidad de diseñar y rediseñar tecnología desde la academia feminista y la escucha de las usuarias. En conjunto, considero que estos casos me ofrecen las claves fundamentales para escuchar las experiencias de las estudiantes y profesoras de la UNAM en mi fase empírica.
Con este tema insisto en que las costuras no son defectos a ocultar, sino mis puntos de análisis. La dependencia técnica, la violencia previa, los dilemas éticos, la accesibilidad, los datos situados, los límites de la automatización y la mediación humana son costuras que me ayudan a comprender cómo se produce la apropiación crítica. Por eso, mi investigación se propone buscar si estas costuras aparecen también en una escala micro, cotidiana, individual o colectiva, entre las mujeres universitarias.
De este modo, mi cierre argumental recupera los tres casos como los hilos que orientan mi fase empírica. OlimpIA muestra la apropiación crítica desde el activismo feminista; las Fichas Vivas, desde el dolor de la desaparición y la búsqueda colectiva; e Hipat-IA, desde la academia feminista universitaria. En conjunto, me sirven para sostener que las mujeres mexicanas ya estamos interviniendo la IA desde contextos concretos.
Quiero dejar claro que estos casos no sustituyen mi trabajo de campo con las estudiantes y profesoras de la UNAM. Para mí, funcionan como lentes y antecedentes que me permiten preguntar si prácticas semejantes, quizá menos visibles y en una escala más pequeña, ocurren en la escritura, la docencia, la investigación, la gestión académica o los cuidados cotidianos de las mujeres universitarias.
Diapositiva 17 -- Conclusiones: aportes teóricos, metodológicos y políticos
En mis conclusiones, ubico el aporte de mi investigación en tres planos fundamentales. En el plano teórico, mi ponencia articula los estudios feministas en ciencia y tecnología, el tecnofeminismo, el hackfeminismo latinoamericano y el bordado epistémico. Esta articulación me permite sostener una postura crítica situada: para mí, la IA no se entiende como una herramienta neutral ni como un destino inevitable, sino como un campo sociotécnico donde se disputan el poder, el género, el saber, el cuidado y la agencia.
En el plano metodológico, mi investigación propone una mirada lenta, cuidadosa y atenta a las costuras invisibles. Esta metodología la planteo para privilegiar la escucha y el acompañamiento sobre la decodificación distante. Las entrevistas semiestructuradas y la observación participante no las concibo solo como técnicas, sino como mis formas de acercarme a las experiencias situadas sin borrar los cuerpos, las trayectorias, las afectividades y las condiciones materiales de las mujeres participantes.
En el plano político, mi trabajo entiende la apertura del conocimiento técnico como una forma de redistribución epistémica. Considero que explicar la IA con un lenguaje claro, mirar las apropiaciones micro, reconocer los saberes feministas y documentar las prácticas de las mujeres universitarias son acciones que disputan quién puede hablar de tecnología, quién puede comprenderla y quién puede intervenir sus sentidos. Esta dimensión política la relaciono directamente con la justicia social, la soberanía situada y la participación democrática en nuestro Sur Global.
Con este tema también dejo abiertas las preguntas que orientarán mi fase empírica: qué hacen las estudiantes y profesoras cuando integran la IAGen a su escritura, investigación y enseñanza; qué criterios orientan sus usos y rechazos; qué tensiones les aparecen entre la eficiencia, la autonomía, el cuidado y el control; y qué apropiaciones críticas pueden estar ocurriendo en escalas pequeñas, domésticas o poco visibles. Para mí, la pieza apenas comienza y las costuras serán visibles.
Mi aporte teórico consiste precisamente en articular estos tres campos: estudios feministas en ciencia y tecnología, hackfeminismo latinoamericano y bordado epistémico. Esta articulación me permite sostener una postura crítica situada que no idealiza la innovación ni reduce la IA a una amenaza total. Mi pregunta se centra en las condiciones de apropiación, las costuras de poder y las posibilidades de agencia.
Finalmente, mi aporte metodológico es esta forma de mirar de manera lenta, cuidadosa y atenta a las mediaciones invisibles, mientras que mi aporte político es comprender la apertura del conocimiento técnico como una redistribución epistémica. De este modo, ubico mi investigación en una genealogía feminista que busca que las mujeres no solo seamos usuarias de tecnologías, sino sujetas capaces de comprenderlas, cuestionarlas y bordar otros usos posibles.
Diapositiva 18 -- Gracias y datos de contacto
Este tema cumple una función de cierre formal y relacional para mí. Después de presentarles mi argumento, los casos y los aportes de mi investigación, considero fundamental agradecer la escucha de la audiencia y abrir la posibilidad de diálogo. En esta ponencia académica, mi cierre no solo les informa que ha terminado la exposición; también representa mi invitación a sus preguntas, comentarios, colaboraciones y a la circulación de saberes.
Me conviene mencionarles que mi investigación está en curso. Esto me permite situar el trabajo como una pieza en construcción, totalmente coherente con mi propuesta del bordado epistémico. No les presento esta ponencia como un resultado cerrado, sino como el avance de una tesis que continuará con su fase empírica, entrevistas, observación participante y la escucha atenta de estudiantes y profesoras. Para mí, esa apertura permite recibir su retroalimentación, identificar contactos relevantes y fortalecer mi proceso de investigación.
Mis datos de contacto aparecen de manera clara y legible. Incluyen mi nombre, Juana Libertad Montes Gómez, mi adscripción a la Universidad Nacional Autónoma de México y mi correo electrónico de contacto. Si utilizo un código QR, este funciona como mi puente para mantener la comunicación con ustedes, compartirles materiales complementarios o permitirles el acceso posterior a la bibliografía y recursos. Cuido que el QR no sature la diapositiva, procurando que tenga espacio suficiente y una breve indicación de su finalidad.
En términos discursivos, con este cierre recupero una idea central de mi ponencia: las tecnologías también se disputan desde el diálogo, la escucha y la construcción colectiva. Sostengo que agradecer no es solo una formalidad; es reconocer que el conocimiento lo produzco con otras personas. Por ello, busco que esta sección sea limpia, sobria y amable, con una jerarquía visual muy clara.
De este modo, mi diapositiva de agradecimiento cierra la exposición sin introducir contenido conceptual nuevo. Sin embargo, me sirve para reforzar ante ustedes que mi investigación está en proceso y que su construcción depende enteramente del diálogo con las comunidades académicas, estudiantes, docentes, activistas y personas interesadas en los cruces entre género, tecnología e inteligencia artificial.
Finalmente, mi contacto queda claro y visible. Al incluir el QR, les explico brevemente si este conduce a mi contacto, a materiales complementarios, a la bibliografía o a la presentación misma. Mi tono es completamente abierto: les agradezco profundamente la escucha y les dejo planteada la invitación a continuar esta conversación.
Diapositiva 19 -- QR para compartir la presentación o URL de materiales
Esta diapositiva funciona como una extensión práctica de mi cierre. A diferencia de la diapositiva de agradecimiento, aquí no me centro en mi identidad como ponente, sino en facilitar que la audiencia acceda a los materiales después de la presentación. Puede contener un QR grande, una URL corta y una indicación mínima sobre qué encontrará la audiencia al escanearlo.
Esta hoja es sumamente importante para mí porque mi ponencia insiste en la apertura del conocimiento técnico y la redistribución epistémica. Compartir la presentación, la bibliografía, el glosario o los materiales complementarios no es un elemento accesorio; prolonga la conversación y permite que otras personas consulten, contrasten, enseñen o amplíen los contenidos. En ese sentido, considero que el QR opera como una pequeña infraestructura de circulación de saberes.
El contenido visual lo planteo simple. Sé que un QR demasiado pequeño o rodeado de texto pierde utilidad. Por eso, mi tema indica con claridad: "Materiales de la ponencia", "Escanee el QR" y, si existe, una URL corta que pueda copiarse manualmente. Puede incluir una lista breve: presentación, bibliografía, materiales complementarios y URL de consulta. No considero conveniente agregar una explicación teórica extensa, porque su finalidad es meramente operativa.
Este tema también me permite sostener una coherencia estética con el resto de la presentación: colores sobrios, tipografía legible y un elemento visual relacionado con la red, el conocimiento o el bordado. Mi mensaje final es amable: gracias por su atención y disponibilidad de materiales para continuar el diálogo.
Sostengo que esta última diapositiva tiene una función estrictamente práctica: facilitar el acceso a los materiales. Se diferencia de la diapositiva de agradecimiento porque aquí el centro no soy yo como autora, sino la circulación del conocimiento. El QR permite consultar la presentación, la bibliografía o los materiales complementarios, y procuro que la URL sea breve por si alguien no puede escanear en el momento.
En total coherencia con mi ponencia, este tema también expresa una práctica de apertura del conocimiento. Compartir mis materiales prolonga el diálogo después de la exposición, permite que otras personas revisen las fuentes y facilita que la discusión sobre IA, feminismo y apropiación crítica continúe más allá del tiempo de la ponencia.
Hojas informativas -- Bordando saberes -- versión depurada
